Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¡Un americano y un fuegiano menos que contar entre los más decididos partidarios del sealing-master!
Entonces, ante la canoa, apareció un hombre. Era Dirk Peters, que habÃa subido por la pendiente opuesta.
El mestizo puso una de sus enormes manos sobre la roda, y con la otra hizo señales a los furiosos para que se alejaran.
Con Dirk Peters allÃ, no tenÃamos necesidad de volver a hacer uso de nuestras armas: él bastaba para defender la barca.
Efectivamente; como cinco o seis marineros avanzaran, él se dirigió a ellos, cogió al más próximo por la cintura, le subió y lo envió rodando a diez pasos; y no pudiendo agarrarse a nada aquel desdichado, hubiese caÃdo al mar si Hearne no hubiere acudido en su auxilio, cogiéndola al paso.
¡Bastante era con los dos muertos por las balas!
Ante la intervención del mestizo, la rebelión cesó repentinamente. Además nosotros llegamos junto a la canoa, y con nosotros aquellos de nuestros hombres cuya vacilación no habÃa sido duradera.
El capitán Len Guy con los ojos brillantes y seguido de Jem West, con voz terrible, exclamó: