Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¿TendrÃa tal vez razón el contramaestre? En mi pensamiento, cuando yo pedÃa que la canoa fuese utilizada, no era más que para efectuar un reconocimiento al largo del ice-berg. En fin, como conclusión, decidióse tomar las disposiciones necesarias en vista de una invernada, aun cuando nuestra montaña se pusiera en deriva.
-Eso será duro de aceptar por nuestros hombres-declaró Hurliguerly.
-No hay más remedio-respondió el lugarteniente-, y desde hoy a la faena.
¡Triste dÃa aquel en que fueron comenzados los preparativos!
A decir verdad, no vi más que uno que se resignara sin queja: Endicott. El negro poco cuidadoso del porvenir, de carácter frÃvolo, como todos los de su raza, se resignaba fácilmente con su suerte, resignación que tal vez constituye la verdadera filosofÃa. Por lo demás, tratándose de cocinar, le importaba poco que fuese en uno u otro lado, desde el momento en que los hornillos estaban instalados en alguna parte.
Sonriendo dijo a su amigo el contramaestre:
-Por fortuna, mi cocina no se ha ido al fondo con la goleta, y tú verás, Hurliguerly, cómo confecciono platos tan excelentes como a bordo de la Halbrane..., claro es que mientras no falten provisiones.