Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¡Bah!... No faltarán tan pronto, Endicott-respondió el contramaestre.-No es el hambre lo que hemos de temer, sino el frÃo, un frÃo que lo convierte a uno en hielo desde que se deja de bailar el zapateado... ¡Si tuviéramos aun algunas toneladas de carbón!... Pero, ¡ea!... Mal contado, no hay más que para hacer hervir el caldero.
-¡Y éste es, sagrado!-exclamó Endicott.-¡Prohibido tocar a él! ¡La cocina ante todo!
-He aquÃ, Satanás negruzco, por qué tú no piensas en quejarte. ¡Estás seguro de calentarte las patas junto a tu horno!
-¡Qué quieres! Se es cocinero o no... Cuando se es se aprovecha, y yo te guardaré un sitio ante la hornilla.
-¡Bien, bien, Endicott!... Pero cada uno tendrá su turno.