Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¡Nada de privilegios, ni aun para un contramaestre! No le hay más que para ti, bajo pretexto de que estás entregado a las manipulaciones de la comida... En fin, preferible es no tener el temor del hambre. El frÃo se puede combatir y soportar. Haremos agujeros en el ice-berg ¿Por qué no hemos de habitar en una morada común, en una gruta, que abriremos a golpes de pico? He oÃdo decir que el hielo conserva el calor. Pues bien; que conserve el nuestro, y nada más pido... Llegó la hora de volver al campamento y dormir. Dirk Peters, a solicitud suya, quedó guardando la goleta, y nadie pensó en disputarle el puesto.
El capitán Len Guy y Jem West no volvieron a sus tiendas hasta asegurarse de que Hearne y sus compañeros estaban en sus sitios de costumbre.
Yo me acosté. No puedo decir cuánto tiempo dormÃ, ni qué hora era cuando rodaba por el suelo por efecto de violenta sacudida.
¿Qué sucedÃa? ¿Era una nueva voltereta del iceberg?
En un segundo estuvimos todos en pie; después fuera de las tiendas, en plena claridad de aquella noche polar: otra masa flotante de enormes dimensiones acababa de chocar contra nuestro iceberg, que habÃa «levado ancla», como dicen los marinos, y derivaba hacia el Sur.