Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Admitiendo que nuestro capitán se hubiere colocado en esta hipótesis, la que, lo comprendo, exigía tantas buenas probabilidades..., no me había hablado del asunto... ¿Tal vez pues el hombre es aficionado a conservar sus ilusiones,-tal vez el capitán temía que se le demostrase el lado débil de este razonamiento?
Un día yo hablé en este sentido a Jem West.
El lugarteniente, poco asequible a las ilusiones, no prestó crédito a mi opinión. En un espíritu tan positivista como el suyo, no podía arraigar la idea de que el hecho de no haber encontrado a los náufragos de la Jane obedecía a la razón de que habían ya vuelto a los mares del Pacífico. Al llamar la atención del contramaestre sobre este punto, me respondió:
-Usted sabe, señor Jeorling, que todo llega..., así se dice, por lo menos... Pero que el capitán William Guy y sus compañeros se encuentren ahora en disposición de beber un trago de brandevin, de ginebra o de whisky en una taberna del antiguo continente... ¡esto no! ¡Es tan imposible como que nosotros nos sentáramos mañana ante una mesa del Cormorán Verde.