Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Durante aquellos tres días de brumas, yo no había visto a Dirk Peters, o, más bien, él no había intentado aproximarse a mí, permaneciendo obstinadamente en su puesto, junto a la embarcación. Las preguntas de Martín Holt relativamente a su hermano Ned, parecían indicar que su secreto era conocido-en parte al menos.-Así es que él se mantenía siempre lejos de los demás, durmiendo durante las horas de vigilia, vigilando durante las horas de sueño. Yo hasta me llegué a preguntar si no lamentaba haberse confiado a mí y si imaginaba que había excitado mi repugnancia. No era así, y yo sentía profunda lástima del pobre mestizo. No puedo expresar cuán tristes, monótonas o interminables me parecieron las horas que transcurrieron en medio de aquella niebla, cuya espesa cortina no podía desgarrar el viento.