Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos de la mano. Se aplicó una venda formada de un trozo de vela sobre la herida, y él se puso su blusa, y desde el siguiente día, sin manifestar molestia alguna, volvió a sus habituales tareas. En vista de una larga invernada, organizamos nuestra instalación.
El invierno amenazaba, y hacía algunos días que apenas si el sol se mostraba al través de las nubes. La temperatura bajó a 36º (2º 22 c. sobre cero), y no debía elevarse. Los rayos solares, alargando desmesuradamente las sombras sobre el suelo, no daban calor alguno. El capitán había hecho que nos pusiéramos nuestros vestidos de lana, sin esperar a que el frío fuera más riguroso.
Entretanto los icebergs, los packs, los streams, los drifs, venían del Sur en gran número; y aunque algunos se arrojaban aun sobre el litoral, ya cubierto de témpanos, la mayor parte desaparecían en la dirección del Nordeste.
-Todos esos pedazos-me dijo el contramaestre-son otros tantos materiales para consolidar el banco de hielo. A poco que la canoa en que van Hearne y sus miserables compañeros no les adelanten, imagino que encontrarán la puerta cerrada; y como no tendrán llave con que abrirla...