Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¿De modo, Hurliguerly-pregunté-, que usted piensa que corremos menos peligros invernando en esta costa que si hubiéramos tomado sitio en la canoa?
-Lo pienso y lo he pensado siempre, señor
Jeorling-respondió el contramaestre.-Además, ¿sabe usted una cosa?-añadió empleando su fórmula habitual.
-Diga usted, Hurliguerly...
-Pues que los que van en la canoa se verán en situación más difícil que los que no van en ella; y lo repito, si la suerte me hubiera designado, habría cedido mi vez a otro... Ya es algo estar en tierra firme... Después de todo, aunque nos hayan abandonado cobardemente, no deseo la muerte de ninguno. Pero si Hearne y sus compañeros no consiguen franquear el banco polar, están condenados a pasar el invierno en medio de los hielos, reducidos a los víveres que se han llevado, con los que no tienen mas que para algunas semanas, y usted comprenderá la suerte que les espera.
-Sí..., peor que la nuestra-respondí.
-Y añado-dijo el contramaestre-que no es bastante llegar al círculo antártico; y si los balleneros han abandonado ya los lugares de pesca, no es una embarcación cargada en demasía la que podrá mantenerse en el mar hasta estar a la vista de las tierras australianas.