Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Esta era mi opinión, como también la del capitán Len Guy.
Auxiliada por navegación favorable, no llevando más que lo que podÃa llevar, con provisiones para varios meses; en fin, en todas condiciones buenas, tal vez la canoa podrÃa efectuar el viaje... Pero ¿era asÃ?... Seguramente que no. Durante los siguientes dÃas, 14, 15, 16 y 17 de Febrero, la instalación del personal y del material quedó terminada. Practicáronse algunas excursiones al interior del paÃs. Por todas partes presentaba el suelo la misma aridez, no produciendo más que hierbecillas espinosas en abundancia.
La última esperanza que el capitán Len Guy hubiera podido conservar en lo que se referÃa a su hermano y tripulantes de la Jane desaparecÃa; si habÃa pensado que, después de abandonar la isla Tsalal en una embarcación, las corrientes les habÃan conducido hasta aquella costa, debió reconocer que allà no existÃa huella alguna de desembarco. En una de nuestras excursiones llegamos a distancia de cuatro millas al pie de una montaña de difÃcil acceso merced a la oblicuidad de sus pendientes; y de altura de 600 a 700 toesas.