Esfinge de los hielos

Esfinge de los hielos

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Y cuando mis recuerdos volvían a la isla Tsalal, cuyo suelo poseía tan extraordinario poder de vegetación; cuando recordaba las descripciones de Arthur Pym, no sabía que pensar. Evidentemente, aquella desolación que afligía a nuestros ojos reproducía mejor la idea de las regiones australes. Sin embargo, el archipiélago de la Tsalal, situado casi a la misma latitud, era fértil y poblado antes que el terremoto le hubiera destruido casi en su totalidad. Aquel día, el capitán Len Guy propuso dar nombre geográfico a la comarca donde el ice-berg nos había arrojado. Bautizamos la con el de Halbrane-Land en recuerdo de nuestra goleta, y para asociarlos en el mismo recuerdo, el estrecho que separaba las dos partes del continente polar fue llamado Jane-Sound.

Ocupámonos de cazar los pingüinos que pululaban sobre las rocas, y de apresar regular número de aquellos anfibios que se revolcaban en las playas. La necesidad de carne fresca se dejaba sentir. Preparada por Endicott, la carne de foca y de morsa pareciónos muy aceptable; además, la grasa de estos animales podía, en rigor, servir para calentar la caverna y para guisar los alimentos. No había que olvidar que nuestro más terrible enemigo sería el frío, y todos los medios propios para combatirle debían ser utilizados. Restaba saber si en las proximidades del invierno, los mencionados anfibios no irían a buscar en latitudes más bajas un clima menos riguroso.


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