Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Así, pues, por más que estuviéramos en vísperas de invernar a menos de cinco grados del polo, la situación no era para desesperar del todo. La cuestión más grave era la del regreso, cuando la mala estación terminara. Para que tal cuestión fuera resuelta era preciso:
1º Que nuestros compañeros, que habían partido en la canoa, consiguieran repatriarse.
2º Que su primer cuidado fuese enviar un barco en busca nuestra.
No era de suponer que Martín Holt nos olvidara; pero sus compañeros y él, ¿conseguirían tocar las tierras del Pacífico a bordo de un ballenero? Y además, ¿la próxima estación de verano sería propia para una navegación al través de los mares de la Antártida?
Frecuentemente hablábamos de estas casualidades buenas y malas.