Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos El contramaestre se mostraba confiado, gracias a su feliz temperamento. El cocinero Endicott participaba de esta confianza, o por lo menos no se angustiaba de las eventualidades del porvenir, y cocinaba con la misma tranquilidad que lo hubiera hecho ante los hornillos del Cormorán Verde. Los marineros Stern y Francis escuchaban sin decir nada... ¡Y quién sabÃa si no se lamentaban de no haber acompañado a Hearne y a sus compañeros! Respecto a Hardie, esperaba los sucesos, sin pretender adivinar que aspecto tendrÃan en el transcurso de cinco o seis meses.
El capitán Len Guy y el lugarteniente, como de costumbre, estaban unidos por los mismos pensamientos y resoluciones. IntentarÃan todo cuanto debiera ser intentado para la salvación común. Poco seguros de la suerte de la canoa, tal vez pensaban en intentar un viaje hacia el Norte, atravesando a pie los ice-fields, y ni uno de nosotros hubiera dudado seguirles. Por lo demás, aun no habÃa llegado el momento de semejante tentativa, y serÃa tiempo de decidirse cuando la mar estuviera solidificada hasta el cÃrculo antártico.