Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Un animal, un cuadrúpedo, acababa de aparecer, y precipitándose en medio de los insulares, se encarnizaba mordiéndoles, saltándoles al cuello, mientras su espumosa boca arrojaba roncos rugidos. Y, sin embargo, era uno solo..., al que se podÃa derribar a pedradas o flechazos. ¿Por qué centenares de salvajes manifestaban semejante espanto, por qué huÃan, por qué no osaban defenderse del animal que se lanzaba contra ellos?
Era la bestia de piel blanca, y a su presencia se producÃa el fenómeno ya observado, el inexplicable horror por el color blanco, común a todos los indÃgenas de Tsalal... ¡No!...
¡DifÃcil fuera figurarse el espanto con que ellos lanzaban, con su tékéli-li, los gritos de ana moo-moo y lama lama! ¡Y cuál no serÃa la sorpresa de William Guy y de sus compañeros cuando reconocieron al Tigre en el animal!
¡SÃ! El Tigre, que se habÃa salvado, y que, después de rodar por los alrededores de Klock-Klock durante algunos dÃas, volvÃa, sembrando el terror entre los salvajes.
Se recordará que el pobre animal habÃa ya manifestado sÃntomas de hidrofobia, en la cala del Grampus. Pues bien: aquella vez estaba rabioso...¡SÃ!, rabioso, y amenazaba con sus mordiscos a toda la alocada población.