Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Notamos entonces que el estrecho, muy reducido a la altura del paralelo 77, se ensanchaba a medida que iba al Norte. Ni aun con ayuda de los anteojos veíamos tierras al Este. Era ésta fastidiosa circunstancia, pues la corriente, menos oprimida entre las dos costas, no tardaría en disminuir su velocidad y acabaría por no dejarse sentir. Durante la noche del 12 al 13 de Marzo, una bruma bastante espesa se levantó después de calmarse la brisa, cosa que era para disgustar, pues esto aumentaba los peligros de choques con los témpanos flotantes. Verdad es que la aparición de nublados en tales parajes no era para asombrar. Sin embargo, lo que nos sorprendió fue que, lejos de disminuir, la velocidad de nuestra goleta aumentó gradualmente, por más que la brisa se hubiera calmado. Seguramente tal aceleramiento no era debido a la corriente, pues, la estela que quedaba en el agua demostraba que andábamos más deprisa que ella.