Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos No había, pues, duda posible sobre la causa de la destrucción de la canoa en que iban Hearne y sus compañeros. Brutalmente abierta, habla ido a estrellarse contra las rocas, y tal hubiera sido la suerte de la Paracuta si, por su construcción, no hubiera escapado a aquella irresistible atracción magnética. De tal modo estaban adheridos a los flancos aquellos utensilios de hierro, que preciso era renunciar a apoderarse de ellos nuevamente. Hurliguerly, furioso por no poder arrancar su cuchillo, sujeto a una altura de 50 pies, exclamó, mostrando el puño cerrado al impasible monstruo:
-¡Esfinge ladrón!