Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos he visitado los rookerys, donde los pájaros bobos y los albatros viven como buenos camaradas, y todo esto me parece digno de observarse. Usted me ha servido de vez en cuando los petrilbaltasar, condimentados por usted, manjar muy aceptable cuando se posee un buen apetito. En fin, he encontrado una excelente acogida en el Cormorán Verde, por lo que le estoy muy agradecido. Pero, si no falla mi cuenta, hace ya dos meses que el barco chileno Penas me ha depositado en Cristmas-Harbour en pleno invierno...
-¿Y siente usted deseo-dijo el posadero-de volver a su paÃs que es el mejor, señor Jeorling, de regresar a Connecticut, de volver a ver Hartford, nuestra capital...?
-Sin duda, Atkins, pues pronto hará tres años que recorro el mundo. Preciso será detenerse un dÃa u otro y... echar raÃces.
-¡Ah...! ¡Ah!... Cuando se echan raÃces-respondió el americano guiñando un ojo-se acaba por extender las ramas.
-Como usted lo dice, Atkins. Sin embargo, como carezco de familia, lo probable es que en mà termine la lÃnea de mis antepasados. No creo que a los cuarenta años me acometa la idea de extender mis ramas, como usted lo ha hecho, mi querido posadero; pues usted es un árbol, y un árbol hermosÃsimo.
