Familia sin nombre
Familia sin nombre Sin embargo, hacía poco tiempo que en aquel corazón apasionado otro amor había llegado a confundirse con el que experimentaba por su país; amor ideal, vago, que no conocía siquiera al que lo inspiraba.
En 1831 y 1834 un personaje misterioso había venido a representar un papel importantísimo en medio de las tentativas de rebelión de aquella época. Había arriesgado su cabeza con inaudita audacia, con un valor y un desinterés muy propios para herir las imaginaciones sensibles, y desde entonces, en todo el Canadá, su nombre era repetido con entusiasmo, o más bien lo que le quedaba de él, puesto que no se la llamaba más que Juan Sin Nombre. En los días de motín surgía de repente en lo más recio de la pelea, y concluida la lucha, desaparecía; pero se conocía que obraba en la sombra y que no cesaba de trabajar preparando el porvenir.
En vano la policía procuró por todos los medios posibles descubrir su retiro; la casa Rip y Compañía no tuvo mejor éxito, por lo que tuvieron que desistir de su empeño hasta más propicia ocasión. Nada se sabía respecto al origen de este hombre, ni de su pasado, ni de su vida presente; pero no podía desconocerse que su influencia era todopoderosa en la población franco-canadiense; así es que había pasado al estado legendario, y los patriotas esperaban siempre que aparecería algún día tremolando la bandera de la independencia.