Familia sin nombre
Familia sin nombre —Os dejo con mi padre, Sr. Nick, —dijo entonces Clary.
—Os ruego que os quedéis, señorita, —replicó el notario—. Sé que puedo hablar delante de vos hasta de cosas que se relacionen con la polÃtica; a lo menos lo supongo yo, pues no ignoráis que no me mezclo nunca…
—Bien, bien, Sr. Nick, —interrumpió el señor de Vaudreuil—, Clary asistirá a nuestra conversación; pero sentémonos: de este modo hablaremos con más comodidad.
El notario se instaló en uno de los sillones de bambú, mientras que el dueño de la casa y su hija tomaban asiento en un sofá enfrente de él.
—Y ahora, amigo Nick, permitidme preguntaros el motivo de vuestra venida a la villa Montcalm.
—Para entregaros esto, —respondió el notario.
Y sacó de su bolsillo un fajo de banknotes.
—¡Dinero…! —exclamó el señor de Vaudreuil, no pudiendo ocultar su extremada sorpresa.
—SÃ, dinero, buen dinero; y, que os guste o no, una suma bastante crecida.
—¿Una crecida suma decÃs?
—Miradlo. Cincuenta mil piastras, en bonitos billetes que tienen curso legal.
—¿Y este dinero es para m�
—Para vos, sólo para vos.