Familia sin nombre
Familia sin nombre —Es verdad, es verdad, —respondió el Sr. Nick—; pero no es por cuenta de la señorita Clary. En fin, esto sucederá algún dÃa, pues todo llega. A propósito, señor de Vaudreuil; tengo que deciros que no he venido solo…
—¡Cómo, Sr. Nick! ¿Habéis traÃdo un compañero y le dejáis en la antesala? Voy a dar la orden de que le hagan entrar.
—No, no. No os incomodéis. Es sencillamente mi segundo pasante; un muchacho que hace versos; ¿habéis visto cosa igual? Y corre detrás de los fuegos fatuos.
¿Qué os parees de un pasante poeta o un poeta pasante, señorita Clary? Como deseo hablaros en particular, señor de Vaudreuil, le he dicho que fuera a pasearse por el parque.
—Bien está, Sr. Nick; pero, de todos modos, voy a mandar que se sirva algún refresco a ese joven poeta.
—Es inútil, porque no bebe más que néctar, y como no lo tengáis de la última cosecha…
El señor de Vaudreuil no pudo menos de reÃrse de las bromas del excelente hombre a quien conocÃa tantos años, y cuyos consejos le habÃan sido siempre tan útiles para la dirección de sus asuntos personales.
—¡Dinero…! —exclamó el señor de Vaudreuil.