Familia sin nombre
Familia sin nombre —El Consejo legislativo no ha prohibido todavÃa, que yo sepa, a los canadienses el derecho de reunión, —respondió el señor de Vaudreuil.
—No, —dijo Andrés Farran—; pero, en fin, ¿quién puede ser el firmante de estas cartas tan sospechosas, como si fueran anónimas, y por qué no ha puesto en ellas su verdadero nombre…?
—Es muy singular, en efecto, —repuso el señor de Vaudreuil—; y lo es tanto más, cuanto que ese personaje, quien quiera que sea, no dice siquiera si tiene intención de presentarse a la cita que nos ha dado, pues la carta que he recibido me avisa sencillamente que llegarÃais los tres esta tarde a la villa Montcalm.
—Lo mismo que en las nuestras, —añadió William Clerc.
—Reflexionándolo bien, —dijo Vicente Hodge—, no es verosÃmil que nos haya convocado no teniendo intención de asistir a nuestra conferencia, y mi parecer es que vendrá.
—Pues bien, que venga, —replicó Farran; en primer lugar, veremos qué clase de hombre es, escucharemos las comunicaciones que se propone hacernos, y después lo despediremos si no nos conviene entrar en relaciones con él.
—Vaudreuil, —dijo William Clerc—: ¿tiene tu hija conocimiento de esa carta? ¿Qué piensa de ella?
—Nada malo ni sospechoso, William.