Familia sin nombre
Familia sin nombre Y señalaba con el dedo el curso del San Lorenzo, remontando hacia Laval. En aquella dirección, algunas antorchas esparcÃan una claridad poco acentuada todavÃa, reflejada en las aguas ligeramente brumosas del rÃo.
Dos o tres minutos pasaron, y después, una embarcación que bajaba con la marea atravesó el rÃo entre los remolinos y se aproximó a un ribazo, a un cuarto da milla hacia arriba. La barca contenÃa, unas diez personas, cuyo uniforme fue fácil conocer merced a la luz de las antorchas. Era un constable, acompañado por unos cuantos agentes de policÃa.
De vez en cuando la embarcación se detenÃa, y en seguida, una voz, precedida de una llamada de trompeta, se elevaba en el aire; pero todavÃa era imposible oÃr distintamente lo que decÃa desde la villa de Montcalm.
Debe de ser un pregón, —dijo William Clerc.
—Y es preciso, que publique algo importante, —replicó Andrés Farran—, para que lo haga a estas horas.
—Esperemos un momento, —dijo el señor de Vaudreuil—, y no tardaremos en saber…
—¿No os parece prudente que volvamos al salón? —dijo Clary dirigiéndose al desconocido.
—¿Para qué retirarnos, señorita? —respondió éste—. Lo que las autoridades creen preciso anunciar, debe ser bueno de oÃr.