Familia sin nombre
Familia sin nombre Un sordo rumor, que no se podÃa definir, se oÃa en dirección a Laval.
—¿Qué será? —preguntó William Clerc.
—¿Estallará ya algún motÃn? —replicó Andrés Farran.
—¡Dios quiera que no sea asÃ! —murmuró Clary. ¡SerÃa obrar demasiado pronto!
—Tenéis razón, —respondió el desconocido.
—Pero ¿qué puede ser eso? —preguntó el señor de Vaudreuil—. ¡Escuchad! Ese ruido se aproxima.
—¡Se oye como una tocata de clarines! —replicó Andrés Farran.
Y, en efecto, el sonido de algunos instrumentos de cobre, atravesando el espacio, llegaba por intervalos regulares hasta la villa Montcalm. ¿SerÃa acaso un destacamento que se dirigiera hacia la morada del señor de Vaudreuil?
—Éste abrió la puerta de salón, y sus amigos le siguieron al terrado.
Todas las miradas se volvieron hacia el Oeste, pero ninguna claridad sospechosa se divisaba de aquel lado, siendo, por lo tanto, evidente que aquel rumor no se propagaba a través de las llanuras de la isla Jesús. Y, sin embargo, el ruido, cada vez más cercano, llegaba hasta la villa al mismo tiempo que el sonido de las trompetas.
—¡AllÃ, allà es…! —dijo Vicente Hodge.