Familia sin nombre
Familia sin nombre El 13 de Septiembre, a eso da las seis de la mañana, una embarcación con aparejos de balandra dejaba el puertecito de Santa Ana, situado en la embocadura del San Lorenzo, en la orilla meridional y en la parte redonda del golfo. La tripulación de esa barca se componía de cinco de esos pescadores que ejercen su fructuosa profesión en las partes del río que más corriente tiene, cerca de Montreal, hasta los remansos, y que después de tender sus redes o sus cañas allí en donde el instinto profesional los guía, se van a vender la pesca que han cogido de pueblo un pueblo, o más bien de casa en casa, pues ambas orillas del río están cubiertas por una serie apenas interrumpida de habitaciones hasta el límite Oeste de la provincia.