Familia sin nombre

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Después de una hora de navegación, el Champlain disminuyó su velocidad, y con el foque barloventado empezaron a pescar. La barca se encontraba en el centro de aquel magnífico remanso, rodeado por una zona de terrenos cultivables que se extiende al Norte hasta la base de las primeras ondulaciones de la sierra de los Laurentidas, al Sur hasta los montes Nótre-Dame, cuyos picos más elevados dominan en mil trescientos pies de altura el nivel del mar.

Pedro Harcher y sus hermanos eran muy hábiles en su oficio, que ejercían en todo el curso del río. En medio de las más rápidas corrientes y las barras de Montreal, cogían multitud de sábalos por medio de haces de ramaje.

En los alrededores de Quebec pescaban salmones y otros peces, arrastrados en la época de la cría, a las aguas más dulces del alto río. Era muy raro que su pesca no fuese en extremo fructuosa.

Durante aquella mañana, la cata fue abundantísima, y varias veces las redes se llenaron de tal modo, que estuvieron a punto de romperse; así es que a eso de las diez, el Champlain, abriendo sus velas, puso la proa al Noroeste para navegar hacia Matane.


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