Familia sin nombre
Familia sin nombre Si alguien se hubiese fijado en ciertos detalles, hubiera podido observar que Juan se quedaba en algunas de aquellas casas más tiempo del que necesitaba en realidad su tráfico; que penetraba en lo interior de las habitaciones, y que hablaba algunas palabras, no con los criados, sino con los amos, y también que en ciertas viviendas de modestas condiciones entregaba a veces más dinero que el que sus compañeros recibÃan como precio de su mercancÃa.
Lo mismo sucedió, durante varios dÃas en los diversos pueblos de la costa meridional, en Rimouski, en Bic, en Trois-Pistoles y en la playa de Caconna, una de las estaciones balnearias más preferidas en aquella orilla del San Lorenzo.
En la Rivière-du-Loup, pequeña ciudad en la que Juan se detuvo en la mañana del 17 de Septiembre, el Champlain recibió la visita de los agentes encargados de la vigilancia especial del rÃo; pero nada sucedió, porque hacÃa algunos años ya que figuraba Juan en el rol de la balandra como uno de los hijos de Tomás Harcher, y jamás hubiera sospechado la policÃa que, debajo del traje de pescador acadiense, se ocultaba el proscrito cuya cabeza valÃa ahora seis mil piastras para cualquiera que la entregase.
Luego, cuando los agentes terminaron su visita, dijo Pedro Harcher: