Familia sin nombre
Familia sin nombre Las relaciones del joven patriota con el abogado tenÃan ya algunos años de fecha, pues el diputado, de treinta y seis años de edad, se habÃa mezclado en todas las manifestaciones polÃticas de los últimos años, y en particular en 1835, en las que figuró personalmente. De esto resultó que ambos se conocieran y simpatizaran, pero Juan Sin Nombre no descubrió nunca nada ni de su origen ni de su familia, y Sebastián Gramont no sabÃa más que, llegada la hora propicia, el joven se pondrÃa a la cabeza de los insurrectos; asà es que, no habiéndole vuelto a ver desde la tentativa que abortó en 1835, le esperaba con la más viva impaciencia.
Cuando Juan llegó, fue cordialmente acogido.
—No puedo estar aquà más que algunas horas, —dijo.
—Entonces, —respondió el abogado—, empleémoslas en hablar del pasado y del presente.
—¡Del pasado…!, ¡no! —repuso Juan—. De presente… del porvenir… sobre todo de porvenir.