Familia sin nombre
Familia sin nombre —Algunas horas nada más, Pedro; pienso salir de allà mañana al amanecer.
Y como Juan no parecÃa deseoso de entrar en explicaciones respecto a lo que iba a hacer en aquella ciudad, Pedro no insistió, contentándose con añadir:
—¿Te esperamos en Laprairie?
—Es inútil. Haced cuanto tengáis que hacer sin inquietaros por mi ausencia.
—¿En dónde nos encontraremos?
—En el cortijo de Chipogán.
—Ya sabes, —repuso Pedro—, que debemos estar allà todos en la primera semana de Octubre.
—No lo he olvidado.
—No faltes a la cita, Juan, pues sabes que tu ausencia apesadumbrarÃa mucho a mi padre, a mi madre y a todos.
Dando un último salto desapareció.
Nos esperan para una fiesta de familia, y puesto que te dices hermano nuestro, es preciso que te halles allà para que la familia esté completa.
—Iré con oportunidad, Pedro.
Juan apretó la mano de los hijos Harcher, después bajó al camarote, se puso el traje que llevaba el dÃa de su visita a la villa Montcalm, y se despidió de sus buenos compañeros.