Familia sin nombre
Familia sin nombre No. Esos recuerdos de los primeros años de su vida no podían haberse borrado de su memoria. Al salir del bosque se encontró en medio de las praderas que recorría en otros tiempos, cuando se dirigía a la barca para atravesar el San Lorenzo. No era un extranjero quien atravesaba ese territorio; era un hijo del país, que no titubeó un solo instante para tomar caminos de travesía o para evitar algunos recodos, a fin de abreviar el trayecto que tenía que recorrer; y seguramente que al llegar a Chambly no dejaría de reconocer la plazoleta en donde se elevaba la casa paterna; la estrecha callejuela que seguía, por lo regular, para retirarse por la noche; la iglesia a que le llevaba su madre, y el colegio en que había empezado sus estudios antes de que le llevasen a Montreal.
Juan quería volver a ver estos sitios, de los que se había alejado durante tantos años. En los momentos en que iba a jugar su cabeza en una suprema lucha, sintió irresistible deseo de volver allí, adonde su miserable existencia había empezado para él. No era Juan Sin Nombre el que se presentaba a los reformistas del condado; era el niño que volvía, quizá por última vez, al pueblo que le había visto nacer.