Familia sin nombre
Familia sin nombre Juan andaba con paso rápido para llegar a Chambly antes de que cerrase la noche y salir antes del amanecer. Absorto en sus dolorosos recuerdos, su mirada no se detenÃa en nada de lo que en otro tiempo hubiera fijado su atención. Ni las parejas de antes que corrÃan por el bosque, ni los pájaros de mil colores que gorjeaban entre el ramaje, ni la caza que andaba por los surcos, nada era capaz de distraerle en su ensimismamiento.
Cuando encontraba algún labrador ocupado todavÃa en las faenas agrÃcolas, se desviaba de su camino para no tener que contestar a su cordial saludo; querÃa pasar sin ser visto a través de los campos, y volver a ver Chambly sin que le conociesen.
Eran las siete cuando divisó la punta del campanario de la iglesia, que sobresalÃa por encima de los árboles. Aún media legua, y se encontrarÃa en su pueblo. El sonido de las campanas, traÃdo por el aire, llegaba a sus oÃdos, y en vez de exclamar:
—¡SÃ, soy yo…! ¡Yo, que quiero hallarme en medio de cuanto he amado…! ¡Vuelvo al nido…! ¡Vuelvo a la nada de mi infancia…!
Se callaba, preguntándose asustado:
—¿Qué vengo a hacer aqu�