Familia sin nombre
Familia sin nombre Sin embargo, por los sonidos no interrumpidos de las campanas, Juan comprendió que no eran las oraciones las que tocaban en aquel momento. ¿Para qué fiesta llamaban a los feligreses de Chambly a una hora tan avanzada?
—¡Tanto mejor! —se dijo Juan—. Estarán todos en la iglesia.
No tendré que pasar por delante de las puertas abiertas; asà nadie me verá ni me hablará. Y puesto que a nadie quiero pedir hospitalidad, nadie sabrá tampoco que he venido aquÃ.
Esto se decÃa, y proseguÃa su camino. En algunos momentos querÃa volverse; pero no, una fuerza invencible le empujaba hacia adelante.
Cuanto más se acercaba Juan a Chambly, más fijaba su atención en lo que le rodeaba, y a pesar de los cambios operados en el paÃs durante los últimos doce años, no dejaba de reconocer las casas, los cercados y las alquerÃas establecidas en las cercanÃas de la ciudad.