Familia sin nombre
Familia sin nombre Juan, no teniendo ya temor de ser conocido, admitiendo que hubiesen conservado de él algún recuerdo, tuvo un instante el pensamiento de entrar en aquella iglesia, de asistir a los oficios de la noche, de arrodillarse en aquellos bancos en que había rezado; pero se sintió atraído hacia el lado opuesto de la plaza, y dirigiéndose a la izquierda, llegó por fin al ángulo formado por la casa de su familia.
Se acordaba perfectamente de ella; allí era donde estaba edificada. Todos sus detalles se presentaban a su imaginación; la puerta enrejada, que cerraba un pequeño patio delante; el palomar, que dominaba el tejado, a la derecha; las cuatro ventanas del piso bajo, la puerta en medio, el balcón de la izquierda en el primer piso, donde había visto tantas veces a su madre en medio de las flores que le adornaban.
Quince años tenía cuando salió de Chambly, y a esa edad todas las cosas quedan ya profundamente grabadas en la memoria. No podía dudarlo; en aquel sitio tenía que estar la casa construida por sus antepasados en los principios de la colonia canadiense.