Familia sin nombre
Familia sin nombre Ya sabemos a qué altura habÃa llegado en el partido de la oposición liberal; parecÃa que la causa de la independencia estaba en las manos de un solo hombre, de aquel Juan Sin Nombre, como se llamaba él mismo, y que únicamente de él esperaban los patriotas la señal de una nueva insurrección.
La hora se aproximaba, y por tal motivo ambos hermanos, a quienes la casualidad acababa de reunir en Chambly, vinieron a la Casa Cerrada para abrazar a su madre, quizá por última vez.
Y ahora estaban sentados a su lado; los tres, agarrados de las manos, hablaban en voz baja; Juan y Joann le decÃan todo cuanto habÃan hecho, y que la lucha serÃa terrible, como lo es siempre toda lucha suprema.
Bridget, entregada por completo a los sentimientos que desbordaban de su corazón, se dejaba mecer por la esperanza de que el crimen del padre serÃa, por fin, redimido por sus hijos, y entonces tomó la palabra.
—Hijos queridos, —dijo—, necesito participar de vuestra esperanza, y creer en el éxito…
—SÃ, madre, tengamos confianza, —respondió Juan—. Dentro de pocos dÃas el movimiento se iniciará…
—¡Quiera Dios concedernos el triunfo debido a las causas santas! —añadió Joann.
—¡Ojalá Él nos ayude, —repuso Bridget—, para que pueda tener el derecho de rogarle por…!