Familia sin nombre
Familia sin nombre Nunca, no, nunca los labios de esta desgraciada mujer habÃan podido formular una plegaria para el alma del que fue su esposo.
—¡Madre mÃa, —dijo Joann, madre mÃa!
—Y tú, hijo mÃo, —repuso Bridget—, ¿has rezado por tu padre; tú, sacerdote del Dios misericordioso?
Joann inclinó la cabeza sin responder.
Bridget repuso:
—Hijos mÃos: hasta aquà ambos habéis cumplido con vuestro deber; pero, no lo olvidéis; sacrificando hasta vuestra vida, si es preciso no habréis hecho más que lo que debéis, y si nuestro paÃs os es deudor algún dÃa de su independencia, el nombre que llevábamos antes, ese nombre de Morgaz…
—No puede existir ya, madre mÃa, —replicó Juan—; no hay rehabilitación posible para él. Es tan imposible devolverle su honra, como la vida a los patriotas que la traición de mi padre llevó al cadalso. Lo que Joann y yo hacemos no es para borrar la infamia unida a nuestro nombre. ¡Eso es imposible!
—No es este trato el que hemos hecho. Nuestros esfuerzos no tienden más que a un objeto, y éste es reparar el daño hecho a nuestro paÃs, no el que se nos ha hecho a nosotros mismos.
—¿No es asÃ, Joann?