Familia sin nombre
Familia sin nombre —SÃ, —respondió el joven sacerdote—. Si Dios puede perdonar, sé que eso está prohibido a los hombres; pues mientras la honra sea una de las leyes humanas, nuestro nombre será siempre objeto de pública reprobación.
—¡Jamás podrán olvidar…! —dijo Bridget—, besando a sus dos hijos en la frente, como si quisiera borrar una señal indeleble.
—¡Olvidar! —exclamó Juan—. Vuelve a Chambly, madre mÃa, y verás si, el olvido…
—Juan, —interrumpió Joann con viveza—; ¡cállate!
—¡No, hermano mÃo! Es preciso que nuestra madre sepa… Tiene la suficiente energÃa para saberlo todo; no es conveniente dejarla con la esperanza de una habilitación que es de todo punto imposible.
Y Juan, en voz baja y con palabras entrecortadas por la emoción, contó a su madre lo que habÃa presenciado en Chambly, cuna de la familia Morgaz, delante de las ruinas de la casa paterna.
Bridget escuchaba sin que una, lágrima brotase de sus ojos; la infeliz mujer ni siquiera podÃa llorar ya.