Familia sin nombre
Familia sin nombre Ambos hermanos se levantaron de su asiento; en el momento de una separación que podÃa ser eterna, conocÃan cuan fuerte era el lazo que los unÃa unos a otros. Felizmente, Bridget ignoraba que habÃan puesto precio a la cabeza de Juan; si bien su hermano lo sabÃa, tan terrible noticia no habÃa llegado todavÃa a la Casa Cerrada. Juan, por no aumentar las penas de su madre, no quiso decÃrselo; y además, ¿necesitaba acaso saberlo para temer no volver a ver a su hijo?
El instante tan temido por cada uno de aquellos tres desgraciados seres, habÃa llegado.
—¿Adónde vas, Joann…? —le preguntó Bridget.
—A las parroquias del Sur, —respondió el joven sacerdote—; allà esperaré que llegue el momento de reunirme con mi hermano cuando esté a la cabeza de los patriotas canadienses.
—¿Y tú, Juan?