Familia sin nombre
Familia sin nombre Los bosques no eran de menos importancia en los alrededores del cortijo, pues cubrÃan en otros tiempos todos los territorios limÃtrofes al San Lorenzo, desde su remanso hasta la vasta región de los lagos. Pero desde algunos años atrás, ¡cuántos claros se habÃan hecho por las manos de los hombres! ¡Qué árboles tan soberbios, cuya copa se balancea muchas veces a ciento cincuenta pies de altura, caen todavÃa bajo los golpes del hacha, turbando el silencio de los inmensos bosques en que pululan los pito reales, los ruiseñores, las alondras, los verdecillos, las aves de paraÃso, de deslumbrador plumaje, y también los encantadores canarios, que son mudos en las provincias del Canadá! Los lumbermen, o sea los leñadores, tienen un fructuoso, pero sensible trabajo, derribando robles y arces, fresnos, castaños y abedules, álamos y olmos, chopos y nogales, pinos, ojaranzos y otros, los que, descortezados solamente, o aserrados, forman esos trenes de maderas que bajan la corriente del rÃo.
Si a fines del siglo XVIII uno de los más famosos héroes de Cooper, Nataniel Bumpoo, llamado Ojo de halcón, Larga carabina o Media de cuero, se lamentaba ya de la tala de los árboles, ¿no dirÃa de esos despiadados devastadores lo que se dice de los arrendadores que agotan la fecundidad terrestre por costumbres viciosas? ¡Han asesinado el suelo!