Familia sin nombre
Familia sin nombre No estaba muy lejano todavÃa el tiempo en que el señor de la parroquia era padrino de todos los hijos de sus arrendatarios, lo que sumaba por centenares los ahijados. Pero el señor de Vaudreuil no habÃa apadrinado más que dos en la descendencia de Tomás, y esta vez era Clary la que iba a ser madrina de su vigésimo sexto hijo, y Juan el padrino. La joven se sentÃa muy feliz con aquel lazo que los unirÃa uno a otro durante breves instantes.
Y no era solamente un bautizo lo que iba a celebrarse en el cortijo de Chipogán.
Cuando sus cinco hijos mayores llegaron, Tomás Harcher les dijo:
—Sed bien venidos, muchachos, pues llegáis en el momento oportuno.
—Como siempre, padre, —respondió Santiago.
—No, mejor que nunca; pues si estamos reunidos hoy para el bautizo del bebé, mañana, Clemente y Cecilia harán su primera comunión, y pasado mañana se celebrará la boda de vuestra hermana Rosa con Bernardo Miquelon.
—¡Qué bien se porta la familia! —replicó Tony.
—Si, muchachos, no anda mal, —exclamó el arrendador—, y ¡quién sabe si todavÃa no os convocaré el año que viene para alguna ceremonia del mismo género!