Familia sin nombre
Familia sin nombre Y Tomás Harcher soltó una sonora carcajada, mientras que Catalina abrazaba a sus cinco vigorosos retoños, los primeros nacidos de ella.
El bautizo no debía verificarse hasta las tres de la tarde; Juan tenía tiempo todavía de llegar antes de la hora de la ceremonia, y en cuanto se presentase, toda la familia iría en procesión hasta la iglesia parroquial, distante como una media legua.
Tomás, su mujer, sus hijos, hijas, yernos, nueras y nietos, llevaban sus mejores trajes, de los que no se despojarían regularmente en tres días. Las mujeres vestían corpiño blanco, saya de vistosos colores y el pelo suelto. Los muchachos habían dejado la chaqueta de trabajo y el gorro normando que usan por lo regular para ponerse el traje de los días festivos, que consiste en una especie de capote de tela negra, faja de colores y zapatos plegados de piel de vaca del país.
La víspera, el señor y la señorita de Vaudreuil, después de atravesar el San Lorenzo, enfrente de Laprairie, en una barca que hacía este servicio, encontraron, al desembarcar, a Tomás Harcher que los esperaba con un carruaje enganchado con dos buenos trotones.