Familia sin nombre
Familia sin nombre Tenemos que hacer constar que las costumbres francesas de antaño se conservan todavía en las ciudades y pueblos de las provincias canadienses, y particularmente en las parroquias rurales; el único sueldo que percibe el clero católico es el diezmo, que se compone de la vigésima sexta parte de todos los frutos de la tierra. Y a consecuencia de una tradición curiosa y enternecedora a la vez, no es solamente de las cosechas de lo que se extrae ese diezmo.
Así es que Tomás Harcher no se admiró cuando, acabada la ceremonia, el cura dijo en voz alta:
—Este niño pertenece a la Iglesia, Tomás Harcher; si bien es el ahijado del padrino y de la madrina que habéis escogido, es también mi pupilo. ¿No son los hijos la cosecha del matrimonio? Pues bien; lo mismo que me da la vigésima sexta gavilla de trigo, pertenece también a la Iglesia vuestro vigésimo sexto hijo.
—Reconocemos su derecho, señor cura, —respondió Tomás Harcher—, y mi mujer y yo nos sometemos de buen grado a su voluntad.
Llevaron entonces al niño a la casa rectoral, en donde le recibieron con gran alegría.
Conforme a la tradición del diezmo, el pequeño Juan pertenecía a la iglesia, y, por lo tanto, los gastos de su crianza y de su educación eran de cuenta de la parroquia.