Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡SÃ, es tiempo ya de que principie la lucha; y eso no tardará, os lo aseguro! Pero, en este momento, olvidemos el porvenir por el presente; esto es como una tregua antes de la batalla.
—AquÃ, señor de Vaudreuil, no soy más que el hijo adoptivo de esta buena y honrada familia.
La comitiva habÃa llegado, y apenas bastarÃa la iglesia para contener toda la gente que habÃa seguido a la familia Harcher.
El párroco estaba de pie en el umbral, cerca de la modesta pila que servÃa para las ceremonias bautismales de los innumerables recién nacidos de la parroquia.
Tomás Harcher presentó, no sin cierto orgullo, al vigésimo sexto retoño, nacido de su matrimonio con la no menos orgullosa Catalina.
Clary de Vaudreuil y Juan se colocaron uno al lado del otro para sostener al niño mientras que el cura le ungÃa.
—¿Cómo ha de llamarse…? —pregunté.
—Juan, como su padrino, —respondió Tomás Harcher—, tendiendo la mano al joven.