Familia sin nombre
Familia sin nombre Pero eso se quedaba para el otro dÃa, pues en el presente no se trataba más que de hacer buena acogida al notario, que uno de los hijos Harcher tenÃa que ir a buscar a Laprairie a las tres en punto, con el buggie de familia.
A propósito del Sr. Nick, Catalina, creyó de su deber recordar a su marido que aquel tenÃa muy buen apetito y que era a la vez muy delicado para comer, que por consiguiente no entendÃa (ésa era su manera de amonestar a su gente), que no entendÃa que el bueno del notario no estuviese servido a medida de sus deseos.
—¡Descuida! —respondió el cortijero—; puedes estar tranquila mi buena Catalina.
—No lo estoy del todo, —respondió la matrona—, ni lo estaré hasta que acaben las fiestas, porque en el último momento siempre falta algo, y no lo entiendo asÃ.
Tomás Harcher se fue a sus quehaceres repitiendo:
—¡Tengo una excelente mujer…! ¡Algo machacona tal vez! ¡No entiendo esto…! ¡No entiende lo otro…! Y, sin embargo, no es sorda.