Familia sin nombre
Familia sin nombre —Si vuestra señorÃa los mandase prender, —añadió el coronel Gore—, pudiera suceder que la conspiración se frustrase.
—Si antes no empezaba el motÃn, —respondió el Gobernador general.
Y volviéndose hacia el ministro de PolicÃa:
—Si no me equivoco, —dijo—, el señor de Vaudreuil y sus amigos han figurado ya en las insurrecciones de 1832 y de 1835.
—Asà es, en efecto, —respondió sir Gilberto Argall—, o, por lo menos, todo lo hace suponer, por más que nos faltan pruebas; por este motivo ha sido imposible perseguirlos, como se hizo cuando la conspiración de 1825.
HabÃan llegado hasta ahorcar en efigie al Gobernador General.
—Estas pruebas son las que es preciso adquirir a cualquier precio, —dijo sir John Colborne—; y antes de acabar para siempre con las turbulencias de los reformistas, dejémosles comprometerse aún más. Nada hay tan horrible como la guerra civil, lo sé; pero si es menester llegar hasta este punto, que se haga sin cuartel y que la lucha termine en provecho de Inglaterra.