Familia sin nombre

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Y Tomás, apareciendo en el umbral, invitó al notario a pasar al comedor.

Si el Sr. Nick no se hizo rogar, tampoco Lionel.

Ambos tomaron asiento en la mesa, provista de bonitas tazas y de servilletas de sin igual blancura, refrescaron con el toddy, agradable bebida compuesta de ginebra, azúcar y canela, a la que acompañaban dos soberbias tostadas. Este piscolabis les permitiría esperar la hora de la comida.

Después, cada cual se ocupó de los últimos preparativos para la gran fiesta del siguiente día, que daría que hablar mucho tiempo, sin duda, en el cortijo de Chipogán.

El notario iba de uno a otro, teniendo una palabra amable para cada cual, mientras el señor de Vaudreuil, Clary y Juan hablaban de cosas más serias, paseándose debajo de los árboles del jardín.

A las cinco de la tarde, parientes y convidados se reunieron en la gran sala para la firma del contrato de boda. No tenemos por qué decir que el Sr. Nick era quien iba a presidir esa importante ceremonia, en la que desplegaría toda la dignidad y gracia notarial de que era capaz.


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