Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Cuya poesÃa ha sido premiada con una mención honorÃfica por la Lira Amical! —exclamó el notario—. Tengo decididamente la honra de poseer en mi estudio un poeta para emborronar mis actas.
—Recibid mi más cumplida enhorabuena, mi joven amigo, —dijo Juan—. No he olvidado vuestro encantador estribillo:
Nacer contigo, loquilla llama;
morir contigo, fuego fatuo.
—¡Ah! ¡Mil gracias, caballero! —respondió Lionel, muy orgulloso por los elogios que le valÃan esos dos versos, impresos en la memoria de un inteligente.
Oyendo este cambio de corteses palabras, el señor y la señorita de Vaudreuil se tranquilizaron respecto al joven proscrito.
El notario les refirió entonces en qué circunstancias se habÃan encontrado en el camino de Montreal a la isla de Jesús. Juan fue presentado como hijo adoptivo de la familia Harcher, y la explicación acabó con sendos apretones de manos por ambas partes.
Catalina seguÃa gritando con voz imperiosa:
—¡Vamos, Tomás, vamos…! ¿Acabarás? ¿Cuándo vas a traer esos dos toddys…? ¿Quieres que el Sr. Nick y el joven Lionel se mueran de sed?
—Ya voy, Catalina, ya voy, —respondió el cortijero—. No te impacientes, mujer.