Familia sin nombre
Familia sin nombre —Querida señorita, le dije, en la última visita que os hice en Montcalm, nos citamos para el cortijo de Chipogán, y soy en extremo feliz…
La frase del notario fue interrumpida por una exclamación de Lionel, cuya sorpresa era muy natural, porque se encontró de pronto enfrente del joven desconocido que algunas semanas antes habÃa acogido con tanta benevolencia sus ensayos poéticos.
—Si no me equivoco, sois el señor… el señor… —repetÃa.
El señor de Vaudreuil y Clary es miraron, dominados por viva inquietud. ¿Cómo era que Lionel conocÃa a Juan? Y si lo conocÃa, ¿sabrÃa acaso lo que la familia Harcher ignoraba todavÃa, es decir, que aquel huésped del cortijo de Chipogán fuese Juan Sin Nombre, perseguido por los agentes de Gilberto Argall?
—En efecto, —dijo el notario volviéndose hacia el joven patriota—. Os reconozco, caballero, hemos viajado juntos al principio del mes de Septiembre, un dÃa que mi pasante y yo tomamos el coche para irnos a la villa Montcalm.
—No os equivocáis, Sr. Nick, —respondió Juan—; y con mucho gusto, creedlo, os vuelvo a ver aquÃ, en compañÃa de nuestro joven poeta…