Familia sin nombre
Familia sin nombre —Hacedlo, si asà os place, Sr. Nick, —respondió el joven abriendo los brazos.
—Bueno, —respondió el notario sacudiendo la cabeza—; me parece que Bernardo Miquelon tendrá más placer en recibir un abrazo de Rosita que dos de los mÃos. Por lo tanto, muchacha, abraza muy fuerte a tu futuro marido, de mi parte.
Lo que Rosa, algo confusa, hizo con aplauso de toda la familia.
—¡Eh! Ahora que me acuerdo, —exclamó Catalina—. Debéis necesitar tomar algo, señor Nick, y vuestro pasante también.
—Tengo mucha sed, mi buena Catalina.
—MuchÃsima es la mÃa también, —añadió Lionel.
—Vamos, Tomás, ¿qué haces ahà mirándonos? Corre a la despensa y trae un buen toddy para el Sr. Nick y otro para ese joven. ¡Habré de decÃrtelo otra vez…!
No; una sola bastaba, pues el cortijero echó a correr hacia la despensa, seguido de dos o tres de sus hijas.
Mientras preparaban el refresco, el señor Nick, que acababa de ver a Clary de Vaudreuil, se acercó a ella.