Familia sin nombre
Familia sin nombre —Todos los que queráis, —respondió el cortijero, y más aún, si asà os place.
—Ahora te toca A ti, Lionel, —dijo el señor Nick dirigiéndose a su pasante—. Abraza a la señora Catalina.
—Con mucho gusto, —respondió el joven—, que recibió dos abrazos a cambio del suyo.
—Vaya, —repuso el notario—, espero que será muy alegre la boda de la encantadora Rosita, que tantas veces he tenido en mis rodillas cuando era niña. ¿En dónde está?
—Aquà estoy, Sr. Nick, —respondió la joven, rebosando salud y buen humor.
—SÃ, en verdad, es encantadora, repitió el notario; demasiado encantadora para que no la bese en ambos carrillos, dignos del nombre que lleva.
Y asà lo hizo; pero esta vez con gran pesar de Lionel, que no fue invitado a participar de esa buena suerte.
—¿En dónde está el novio? —preguntó entonces el Sr. Nick—. ¿Habrá olvidado acaso que se firma hoy el contrato?
¿Dónde está el novio, dónde está?
—Presente, —respondió Bernardo Miquelon.
—¡Ah, hermoso muchacho! ¡Bien plantado!, —exclamó—. De buena gana le abrazarÃa también para concluir…