Familia sin nombre
Familia sin nombre Después leyó el contrato en alta o inteligible voz; como se dice en estilo notarial. Los concurrentes se enternecieron algún tanto cuando el Sr. Nick dio parte de que el señor de Vaudreuil, para demostrar su afecto a Tomás Harcher, y en recompensa de sus buenos servicios, añadía una suma de quinientas piastras al dote de la novia.
¡Quinientas piastras cuando, medio siglo antes, una joven provista de un dote de cincuenta pesetas pasaba en las provincias canadienses por un magnifico partido!
—Ahora, mis buenos amigos, —dijo el notario—, vamos a proceder a la firma del contrato; los novios los primeros, después los padres, luego el señor, de Vaudreuil y su hija; los demás…
—Todos, todos firmaremos, —exclamaron con tal alboroto, que el Sr. Nick se quedó ensordecido.
Y entonces, grandes y pequeños, parientes y amigos, fueron uno tras otro a poner su rúbrica en el acta que aseguraba el porvenir de los jóvenes cónyuges.