Familia sin nombre
Familia sin nombre Esto necesitó bastante tiempo, pues además de las familias de los contrayentes, bastante numerosas, los que pasaban por delante del cortijo, atraÃdos por la algazara, entraban y firmaban también el acta, a la que serÃa preciso añadir pliegos sin fin, por poco que aquello continuase. ¿Y por qué no hubiera acudido todo el pueblo en masa, y también todo el condado, puesto que Tomás Harcher ofrecÃa a la elección de los firmantes las bebidas más variadas, cok-tails, vight caps, tomjerries, hotscotchs, y sobre todo ese whisky que corre tan naturalmente por las gargantas canadienses, como el San Lorenzo hacia el Atlántico?
El Sr. Nick se preguntaba, pues, cuándo acabarÃa la ceremonia, lo cual no era impedimento para que ese hombre dignÃsimo y en extremo alegre, dirigiese una broma a cada cual mientras que Lionel pasaba la pluma de uno a otro, haciendo observar que pronto habrÃa que tomar una nueva, pues aquélla se usaba con la interminable firma, que se alargaba más y más.
—¿No hay más? —preguntó el Sr. Nick.
—Aún quedan por firmar, —exclamó Pedro Harcher—, que habÃase adelantado hasta el umbral para ver si pasaba alguien por el camino.
—¿Quién viene todavÃa? —preguntó el notario.
—Una tribu de hurones.