Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Que entren, que entren! —replicó el señor Nick—. Sus firmas honrarán a los novios. ¡Qué contrato, amigos mÃos, qué contrato! ¡Centenares he escrito durante mi vida, pero ninguno ha reunido en su última hoja el nombre de tanta buena gente!
En aquel momento los salvajes aparecieron y fueron acogidos por alegres gritos de bienvenida. No fue necesario invitarlos para qué entrasen en el patio, porque allà era adonde venÃan, en número de unos cincuenta entre hombres y mujeres. Entre ellos, Tomás Harcher conoció al que se habÃa presentado la vÃspera para preguntar si el Sr. Nick se hallaba en el cortijo.
¿Por qué habÃan salido aquellos hurones de Walhatta, su pueblo? ¿Por qué venÃan con gran ceremonia a visitar al notario de Montreal?
Era por un motivo de suma importancia, que pronto conoceremos.